Wolfmother II

Lejano resplandor en el desierto andino. Cada vez más cerca, pero nunca llega. Una espera infinita.

Trote hipnótico en el horizonte, fuego, ecos visuales del llamado atronador, del aullido.

Se detiene a medio camino y contempla el cielo. Pasan tres estrellas fugaces y las llamas de su pelaje ceden protagonismo al claro de luna, que asoma provocando.

Aullido presente a pesar de su ausencia. Parece no llegar nunca.

Cae rendido, desesperanzado, profundamente dormido en el suelo del desierto.

Despierta en medio de un círculo de huellas caninas. El cénit.

A sus pies un totem nunca advertido y una loba mirándolo desde lo más alto.

2 comments:

Alelí said...

hermano, estos relatos me ponen los pelos de punta!

cada imagen es una delicia. me encanta!

beso beso

pd. que tul la "charlita" el otro día?

hermano said...

Me alegro, amiga. Ese efecto es una buena señal.

La charlita... bien. Con amigos y personajes. Endulcé la voz y le dí al micrófono, a ver si entretenía a alguien.